ORO NEGRO
Jorge Mesa, 2018
Obra en tríptico - Fotografía digital impresa
45 cm x 30 cm cada imagen
ES EN
“El nuevo atentado contra el oleoducto en Tumaco es el peor en términos de afectaciones sociales y ambientales de los últimos años”.
“Se derramaron 410 mil galones de crudo en las fuentes hídricas causando graves afectaciones a los ecosistemas y dejando sin agua potable a 160.000 personas”
El atentado de la guerrilla contra el Oleoducto Transandino (OTA), en zona rural de Tumaco el 22 de junio de 2015, causó el derrame de 10 mil barriles de crudo a las quebradas Pinde y Pianulpí, de allí llegó al río Guisa, desembocando en el Mira, afluente que abastece de agua a Tumaco y sus veredas aledañas y que finaliza en el mar pacífico. 81 kilómetros de fuentes hídricas fueron afectados. Además de vulnerar la fauna y flora de la zona, 110.000 habitantes del casco urbano y 35.000 del sector rural sufrieron por el corte del servicio de agua potable. Tumaco se quedó sin agua por 20 días.
Recuerdo que cuando supe de esta noticia, al igual que en anteriores atentados a oleoductos, sentí indignación, decepción e impotencia, principalmente por el enorme daño a la naturaleza y a las comunidades de la zona. Sin embargo, en esta oportunidad, la suma de sentimientos de tristeza causó en mí un deseo por apropiarme de los hechos y trabajar sobre el tema. Esta idea rondó mi cabeza por años.
Los derrames de petróleo por atentados a la infraestructura petrolera son uno de muchos problemas que aquejan a mi país. Según el informe “VERDAD Y AFECTACIONES a la infraestructura petrolera en Colombia en el marco del conflicto armado”, presentado en julio de 2020 por la Fundación Ideas para la Paz, hoy sabemos que entre 1986 y 2016 (durante 30 años) se realizaron 3.659 atentados a la infraestructura petrolera del país, como ataques con explosivos, con armas de fuego, quemas de activos, entre otros, y que estas acciones armadas provocaron 4.455 afectaciones derivadas a la infraestructura y bienes de la industria, al medio ambiente y/o civiles o personas.
El tríptico ilustra el hecho particular del atentado contra el oleoducto Transandino ocurrido en 2015, y es también el punto de partida para un proyecto mucho mayor que pretende profundizar en esta problemática. Es necesario poner de manifiesto la situación de daño a la naturaleza que se deriva de estos hechos, principalmente la contaminación que genera la liberación del crudo al medio ambiente, la cual afecta de inmediato los ecosistemas acuáticos y terrestres.
Un derrame representa un peligro inminente para la vida. La fauna que entra en contacto con el petróleo muere por ingerir los compuestos tóxicos del crudo, por asfixia, ceguera o incluso por no poder moverse. La tierra resulta degradada, los suelos contaminados, y la amenaza de incendio es inmediata. A largo plazo, estos daños se evidencian en los sistemas reproductivos y de alimentación del propio ecosistema. El petróleo produce consecuencias carcinógenas en la cadena alimentaria que al final repercuten en la salud humana.
Además del impacto ambiental se presentan dificultades sociales reflejadas en la ruptura de la relación de las comunidades con su entorno, alteraciones psicológicas en las personas afectadas, amenaza por la vida y la salud, inconvenientes para la captación y uso de agua potable, escasez de comida, disminución en la calidad de vida, crisis económica de las comunidades, limitación del transporte, entre otros.
Oro Negro es un llamado desde el arte a la reflexión sobre los problemas causados por los atentados a la infraestructura petrolera, una forma de visibilizarlos, no con imágenes documentales de guerra, sino desde otras dinámicas de comunicación, de una manera sutil y poética.
Es una invitación a la sociedad para que se informe sobre qué es lo que ocurre con este tipo de atentados, cuáles son sus consecuencias y cómo impedir que estas acciones se repitan, desde un interés real, comprometidos con el medio ambiente y las comunidades para que el daño no se vuelva costumbre.
Apropiémonos de nuestro territorio.
Mediante la educación, la vigilancia y la prevención podemos crear conciencia en las formas de actuar. Como colombianos debemos preservar nuestra tierra sagrada y biodiversa, manteniéndola libre de este tipo de actos que tanto daño nos ocasionan.